Crónicas
La Calle 37 no es lo que era (es mejor)
Donde antes había tres bodegas y un parqueadero, hoy hay un corredor de talleres, cafés y vitrinas que abren hasta tarde. Caminamos la cuadra que está cambiando el centro.
Esquina de la 37 con Quinta, viernes 7 p.m. Foto producida por RaizKubica.
A las seis de la tarde la cuadra huele a café recién pasado y a cuero nuevo. Es viernes y la Calle 37 está haciendo lo que hace dos años parecía imposible: retener gente en el centro después del cierre de oficinas.
El primero en llegar fue un taller de marroquinería que necesitaba local barato. Después un café de especialidad que apostó por los bajos de un edificio de los setenta. Después una tienda vintage, una galería que abre por temporadas, un estudio de tatuaje. Nadie lo planeó. Nadie lo subsidió. Pasó.
«El centro no se murió. Estaba esperando que volviéramos a mirarlo.»
Los que llevan décadas en la cuadra miran el cambio con una mezcla de sospecha y alivio. Don Hernando, que vende lotería en la misma esquina hace veintidós años, lo resume mejor que cualquier urbanista: antes a las siete esto era un desierto, ahora me toca quedarme hasta las nueve.
Queda todo por hacer: andenes rotos, iluminación a medias, un par de fachadas que se caen. Pero la dirección es clara y las vitrinas nuevas lo confirman. La 37 ya no es la calle por la que se pasa. Es la calle a la que se va.
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